Universidad de Panamá (ARTÍCULO DE OPINIÓN EN EL DIARIO PANAMÁ AMÉRICA)

El legado de nuestra generación

06/7/16 - 12:00 AM
Es la Universidad de Panamá, la primera casa de estudio del pueblo panameño, institución anhelada y forjada por grandes patriotas que pariera nuestro país, como es el caso de Octavio Méndez Pereira, precursor de la idea de una Universidad del pueblo y para el pueblo que fuera la encargada de hacer germinar ideas y profesionales para el servicio de la gran nación panameña.
Es esa misma Universidad de la que tantos jóvenes nos sentimos orgullosos de ser estudiantes y egresados, pero que no por ese sentimiento de pertenencia y honra pasamos desapercibido los problemas que nuestra amada institución confronta.
Desde hace más de un año y medio, en cada uno de los medios escritos y televisivos, el nombre de la Universidad más grande del país resuena y no por los aspectos positivos que pudiese identificarnos, sino por escándalos de diversas índoles y los más reprochables resultados de investigaciones, donde al ojo crítico de la sociedad panameña estamos inmersos en actos de dudoso proceder administrativo y rejuegos internos de intereses.
La autonomía universitaria ha sido redefinida a conveniencia de aquellos que se rehúsan a que esta sea objeto de investigaciones, olvidando así que debemos ser ejemplo de transparencia e ideas de democracia para la sociedad panameña en general. La autonomía universitaria fue una conquista del movimiento estudiantil universitario reafirmada con el pacto de la colina en 1958, que planteaba mayormente la libertad de cátedra y pensamiento, así como de organización, no intervención de los gobiernos en temas académicos y de gestión interna, gobierno propio que garantizaría la neutralidad de la institución (…), pero de lo que sí estoy segura, es que la conquista de esa década nunca aprobaría y nunca planteó que la Autonomía de la UP fuera utilizada como escudo para nombrar familias enteras como administrativos, o para saltarse los filtros correspondientes para ser un profesor idóneo, o tal vez para politizar programas institucionales que aseguren votos en elecciones y mucho menos que fuese utilizada para acallar a grupos estudiantiles y que estos ‘bailen al son que le toquen’.
Dentro de la Universidad de Panamá se ha levantado una corriente que ciertamente cataloga a todas las voces críticas como traidores, vendidos y que están haciendo el juego para agudizar el detrimento de la imagen de la UP. Sin embargo, no se escucha aún una respuesta coherente y que llene las expectativas acerca de la venta y alquileres de las tierras, acerca de lo que Contraloría pronunciase días atrás como ‘lesión patrimonial por $3,5 millones’ y es entonces, cuando yo me pregunto: ¿Dónde quedó esa Universidad en la que el debate prevalecía y en donde las críticas eran aceptadas para el avance institucional, en donde el estudiante era el objeto y sujeto de la institución siendo voz de las mayorías?
Esa Universidad es la que estamos llamados a restaurar, a reconstruir y a defender, a levantar el nombre y prestigio que tuviésemos en nuestras épocas doradas.
Soy una de las miles de estudiantes orgullosas de ser parte de la UP, que ama su universidad, que se preocupa por el panorama que la rodea, que está dispuesta a hacer que las cosas cambien para bien y que sabe que la dignidad de una institución y de un estudiantado sediento de conocimiento y justicia, vale más que bajar el rostro y callar ante las problemáticas que tocan diariamente a la puerta. La esperanza se construye, el futuro se planifica, así como una vez lo hiciera Octavio Méndez Pereira, será ese nuestro compromiso, nuestro legado y nuestro deber.

 
Dirigente de Pensamiento y Acción Transformadora - PAT/ Universidad de Panamá / Facultad de Economía.

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